La vida es un viaje constante. Pasamos de la inocencia a la experiencia, creciendo y tejiendo lazos con otros, tal como Peter Pan y sus amigos en la mágica tierra de Nunca Jamás.
Pero incluso en la fantasía existen villanos. Allí estaba el Capitán Garfio, despiadado y cruel. En nuestra realidad, ese villano tiene otro nombre: CÁNCER. Al igual que Garfio, intenta arrebatarnos la paz. Pero es precisamente en esa lucha donde descubrimos que el amor por nuestra familia es lo que nos impulsa a madurar y a no rendirnos.
Peter Pan temía crecer porque sabía que ‘todo el que crece ha de morir’. Es una verdad difícil, pero he aprendido que aceptar nuestra mortalidad no es rendirse; es comprender que la vida trasciende la muerte y que nuestro objetivo final es regresar a la presencia de Dios habiendo hecho las cosas bien.
Todos llevamos un niño dentro que teme al futuro, pero el amor nos obliga a ser valientes. Asumir la responsabilidad de vivir significa cuidar el templo que se nos ha dado. Por eso, nutrir el espíritu es tan vital como cuidar el cuerpo: a través de la alimentación sana, el ejercicio y los chequeos médicos. Así nos mantenemos fuertes para derrotar a nuestros propios ‘Garfios’ y seguir disfrutando de quienes amamos.